Cuando el espacio te encuentra.

Aprendizajes desde el Umbral del Aprendiz


Hay lugares que nos eligen.

Y aunque lo aprendí hace años, cuando comencé a organizar encuentros en movimiento, reconozco que lo había olvidado.

Cuando comenzamos a proyectar este Umbral del Aprendiz en Mallorca, mi primera elección fue otra.

Un lugar hermoso, cuidado y acogedor. Sin embargo, algo no terminaba de encajar. Se sentía más recogido, más pensado para la contemplación que para la danza. El cuerpo percibía menos amplitud de la que necesitábamos para movernos con libertad durante varios días.

El cuerpo me avisó de que algo no encajaba en la danza de la facilidad.

Y entonces apareció esta finca.

La curiosidad me llevó hasta allí antes de regresar de mi viaje de exploración por la isla.

Llegar
aquí fue sentir el tiempo pasar por mí.

Recordé muchos otros lugares que, a lo largo de los años, han acogido encuentros, formaciones, danzas y aprendizajes. Desde Zaragoza hasta Almería, pasando por Madrid, Málaga, México y Argentina. Rincones donde Movimiento Esencial ha ido tomando forma a través de los cuerpos, las conversaciones, las preguntas y las experiencias compartidas.

A veces creemos que somos nosotros quienes elegimos el espacio.
Esta vez te aseguro que sentí claramente que el espacio nos estaba esperando.

Cada mañana nos despertaba el canto de los pájaros.
Cada noche nos acompañaba el coro de las ranas.

La luz cambiaba constantemente el paisaje, dibujando contrastes entre sombras y claridad que parecían recordarnos que la vida también se mueve así.

Entre paseos, rincones escondidos, árboles, silencios y horizontes abiertos, el espacio se convirtió en un participante más del encuentro.

Y nos enseñó algo importante.
Para que algo nuevo pueda emerger, primero necesitamos espacio.

Espacio físico – emocional – corporal – energético… interior y exterior…

Quizás por eso uno de los grandes temas del fin de semana fue precisamente ese: agrandar nuestro espacio interior para darle aire a los nudos que nos tienen atrapados.

La inmersión comenzó el primer día.

Exploramos los nudos que cada persona traía consigo.

Nudos visibles e invisibles.
Nudos recientes y antiguos.
Nudos que aprietan la energía, limitan el movimiento y reducen las posibilidades.

Con los años he aprendido a identificar estos nudos de una forma particular.

Los veo como patrones de movimiento que han quedado atrapados en algún lugar de nuestra historia y que terminan condicionando cómo pensamos, cómo sentimos, cómo nos relacionamos y cómo actuamos.

Patrones que, poco a poco, van colapsando nuestra energía vital.

Los observamos, sentimos, escuchamos, danzamos....

Y entonces apareció uno de los grandes aprendizajes del encuentro.

“Cuando identificamos un nudo y le damos movimiento, el nudo empieza a perder poder”.

                                       Deja de gobernarnos en silencio.

                                                La conciencia ilumina.

                                                El movimiento afloja.

Y aquello que parecía una prisión comienza a convertirse en información valiosa para seguir avanzando.

En la piscina, el agua nos regaló otra perspectiva.

La gravedad dejó de empujar con tanta fuerza.
Los cuerpos flotaban.
Los movimientos se volvían más suaves.

Y durante algunos instantes fue posible experimentar cómo sería la vida si esos nudos ocuparan menos espacio dentro de nosotros.
Si hubiera más aire, amplitud, libertad…

Esta isla también nos regaló otro aprendizaje: el arte de simplificar.
Viajar con materiales limitados, elegir cuidadosamente qué llevar.
Movernos de un lugar a otro, adaptarnos, confiar.

Y en esa simplicidad apareció una verdad que volvimos a recordar...
                       No hay nada que hacer.
  Solo ser y sentir cómo habitas tu cuerpo en movimiento.

El sábado fue quizás la expresión más viva de ese aprendizaje.

Caminatas…Agua…Rocas…Silencios…Conversaciones…Danzas acuáticas.
Tiempos propios…Libertad para seguir el ritmo de cada cuerpo.

Nos desplazamos por distintos rincones de Mallorca explorando los movimientos que nos regalaba el océano.

Fue una ruta por sus aguas y por nuestros propios paisajes interiores.
Un día de libertad horaria, presencia y descubrimiento.

Un auténtico movimiento Entre.

Ese territorio donde todavía no hemos llegado a donde queremos llegar, pero ya no somos quienes éramos cuando comenzamos.

Un espacio profundamente humano. Profundamente verdadero.

Y entonces llegó el emerger.

El momento de poner nombre, de reconocer qué queremos hacer con esos nudos.
Qué espacio queremos seguir abriendo.
Qué movimiento queremos elegir cuando regresemos a nuestra vida cotidiana.

Porque los nudos no desaparecen por arte de magia.

Pero sí podemos aprender a relacionarnos con ellos de otra manera.

Podemos escucharlos, moverlos, darles menos poder…
Y podemos convertirlos en maestros.

Entre todos los regalos que nos llevamos, algunos aparecieron de forma inesperada.

El mantra espontáneo de una participante: “Me lo merezco.”

Una frase sencilla y, sin embargo, capaz de abrir conversaciones profundas sobre el permiso, la abundancia, el cuidado, el reconocimiento y el valor propio.

También apareció una danza orgánica que nos inspiraba a avanzar sin dejar de cuidarnos.

La danza de “Todo va a estar bien”.

Comienza la música, aparece el movimiento, un instante compartido.

Y de repente cuerpos explorando movimientos desconocidos, posibilidades nuevas y lugares que quizás llevaban mucho tiempo esperando ser habitados.

Otro aprendizaje importante fue recordar la riqueza que aparece cuando dejamos espacio para que otras personas compartan sus saberes.

Cuando tejemos sabidurías, permitimos que otros brillen.
Cuando comprendemos que no necesitamos sostenerlo todo solos.
Que hay algo profundamente bello en crear las condiciones para que cada persona aporte lo mejor de sí misma.

Y quizá uno de los mayores aprendizajes para mí fue recordar algo esencial.

El viaje continúa…Siempre continúa.

Cada encuentro confirma que Movimiento Esencial es una invitación a “sumar conciencia a la vida” y encarnar al aprendiz que habita en cada uno de nosotros.


Creamos las condiciones para que emerja aquello que necesita emerger.
Abrimos espacios donde distintas miradas pueden convivir.
Nos regalamos la oportunidad de observarnos con más honestidad.
Y permitimos que cada persona encuentre su propia forma de brillar.


Regreso de Mallorca con inmensa gratitud,

nuevos aprendizajes,

movimientos regenerados.

Con nuevas preguntas para seguir danzando…

Y con la certeza de que el Umbral del Aprendiz no es un lugar al que se llega.

Es una forma de caminar.

Una disposición a seguir aprendiendo de la vida. Del cuerpo. De la conciencia en movimiento.
Y de todo aquello que todavía está esperando emerger.

 

👉 Escríbeme o visita www.movimientoesencial.me para saber más.

 

 

Fundadora de Movimiento Esencial. Coach PCC-ICF Especialidad en el ámbito Corporal – Emocional. Facilito y acompañante procesos transformacionales individuales y de equipos. Exploradora del movimiento, del proceso relacional, de la participación-acción, lo que me inspira a re-crear la vida y conectar con la pasión, ilusión, motivación que habita dentro de cada persona y de cada organización. Socia directora de ReCrea SCA y de la Escuela Internacional de Aprendizaje en movimiento ME.        

http://www.mariajesuszea.com 

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